Ramón Lluís Bande (Xixón, 1972) estrena hoy lunes en la TPA su documental La carta de Bárbara . La llegada de este filme a las pantallas coincide casi con la publicación de Teoría de la pertenencia (Suburbia Ediciones), una recopilación de textos en principio independientes y que ahora suponen un avance más en un proyecto narrativo tan sólido como reconocible.
Se estrena en la TPA "La carta de Bárbara", un documental sobre la emigración asturiana que parte de la mirada de una mujer a la tierra de su madre...
-Más que sobre la emigración, es una película sobre los asturianos desaparecidos en Argentina durante la última dictadura militar, a través de la experiencia de Bárbara García, hija de una militante de la izquierda revolucionaria desaparecida el 13 de junio de 1976, cuando ella tenía solamente siete años...
La acción del documental transcurre entre Asturias y Buenos Aires. ¿Cómo se desarrolló el rodaje?
La mayor parte de la película se desarrolla en Buenos Aires, los planos rodados en Asturies nos sirven para contextualizar el origen familiar de Bárbara... Es un rodaje que recuerdo con mucho cariño. El equipo de rodaje lo conformábamos sólo cuatro personas: José Braña, director de fotografía; Antonio de Benito, sonido; Silvina Pérez, producción, y yo y vivimos momentos de una gran intensidad emocional. La estrategia narrativa de la película se apoyaba en un deambular constante por espacios físicos que tenía una relación directa con la ausencia de la madre. Bárbara hacía mucho tiempo que no los visitaba. Intentar captar esa emoción, sin adulterar ni subrayar, era la base de nuestro trabajo.
La película se desarrolla casi a un nivel paratextual: las imágenes ilustran las palabras de Bárbara mientras ésta cuenta su historia personal...
-Sí, la película nació con el encargo a Bárbara de que escribiera una larga carta en la que contara al mundo su vida, desde la perspectiva de la ausencia violenta de la madre. La primera parte del rodaje fue la grabación íntegra, sin cortes y en un solo plano, de la lectura de esa carta en su casa. Después preparamos un listado, que nacía directamente de la carta, con los espacios que Bárbara tenía vinculados al recuerdo de su madre: la casa de la que se la llevaron los militares, las escuelas en las que dio clase, las casas de familiares, la base del ejercito de Campo de Mayo, centro de tortura y desaparición masiva durante la dictadura de Videla... La película se apoya en esas dos situaciones: la lectura de la carta y el regreso a lo que denominamos "los espacios de la desaparición".
"La carta de Bárbara" supone una reivindicación de la memoria colectiva. "Teoría de la pertenencia", su último libro, se ocupa de la memoria personal.
-Suele darse esa dualidad en mi obra. En el cine tiendo a que las reflexiones sean más de carácter colectivo. Intento aprender a mirar el mundo, sin participar de lo que sucede, para después compartir esa mirada y provocar un diálogo con los espectadores. Sin embargo, en la literatura, de una manera más o menos directa, suelo estar en el centro de lo contado, participando de la realidad de lo que se cuenta. Mis películas suelen intentar plantear una pregunta genérica: ¿quiénes somos los asturianos? Mientras que mis libros suelen representar un cuestionamiento más íntimo, podríamos decir: ¿quién soy en este momento?
Hablamos de textos independientes y heterogéneos que, sin embargo, adquieren una unidad temática, y hasta formal, al aparecer recopilados.
En origen, "Teoría de la pertenencia" es una colección de textos autónomos que fui escribiendo a lo largo de dos años y publicando en prensa. Pero desde el principio ya sabía que iban a formar parte de una unidad literaria superior, por eso al agruparlos ahora plantean una propuesta narrativa unitaria clara: es la historia de un personaje sin nombre que en un momento de ruptura y cambio en su vida necesita reorientarse e intentar explicarse a través de las voces de distintos personajes, en distintas épocas y distintos lugares del mundo. Por supuesto, el libro también tiene mucho de reivindicación de una tradición literaria y cultural, a la que el protagonista le gustaría sentir que pertenece.
A lo largo de su trayectoria, cine y literatura se han retroalimentado con bastante frecuencia. ¿Cuándo sabe si una idea se convertirá en un guión o acabará traduciéndose en un libro?
Cada historia te dicta el lenguaje en el que tiene que ser desarrollada. Eso está bastante claro en el origen de los proyectos, lo que sucede con frecuencia es que una historia después de estar en el papel me pide saltar a la pantalla o viceversa y me encuentro muy feliz en ese tránsito continuo del papel a la pantalla o de la pantalla al papel.
Dada su doble faceta de escritor y cineasta, es inevitable preguntarle dos cuestiones. La primera tiene que ver con los recortes a la promoción del asturiano que acaba de anunciar el Gobierno de Cascos...
La verdad es que no me sorprenden, ni me esperaba otra cosa, viendo la inexplicable cruzada que el Gobierno emprendió contra todas las manifestaciones e instituciones culturales del país en estos pocos meses. Lo que no acabo de entender es que siga existiendo un sector autoproclamado asturianista (hace tiempo, la verdad, que ya no sé lo que significa esto) que sigue defendiendo y muchas veces alentando esta situación. Es evidente que la normalización del asturiano, que tampoco podemos decir que avanzara mucho en legislaturas anteriores, va a retroceder considerablemente... Es lo peor de este momento político: la demostración de lo poco que cuesta destruir lo que llevó muchos años y mucho trabajo de mucha gente construir.
La segunda tiene que ver con la destitución de José Luis Cienfuegos y el cambio de rumbo que se le quiere imprimir al FICXixón.
Como ya expresé en varias ocasiones en público, sólo tengo palabras de agradecimiento para José Luis Cienfuegos y su equipo a lo largo de estos años. Su excepcional trabajo está en la base del mío y del de muchos otros asturianos, no sólo cineastas. Me resulta inexplicable su destitución, con el agravante de la forma en la que se produjo. Creo que el mundo del cine, desde una perspectiva global, y la ciudad de Xixón en particular, sçolo le deben agradecimiento por su trabajo riguroso y bien hecho... Respecto al nuevo rumbo del Festival, lo único que tengo que decir es que no me interesa nada. Mientras no se restituya a José Luis y su equipo y el Festival recupere la línea que lo convirtió en un referente para la cinefilia de todo el mundo, no volveré a participar en él con mis películas.







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