Javier Loya es un enamorado
de la mar, a cuyas
orillas se ha consagrado como
cocinero y ha crecido como
persona. El primer local
de su familia, el San Félix,
fue abierto por sus abuelos
en Avilés y de ahí la familia
pasó al Real Balneario
de Salinas, al que los Loya
le han arrancado una estrella
michelín. El restaurante
Deloya de Oviedo es otro de
sus emblemas.
Desde sus cocinas, Javier
recuerda cómo Fernando
Martín logró cambiar la cocina
asturiana metiéndola
de cabeza en la modernidad
y abriéndole camino
a él y a toda una genera-
3 ción de cocineros que han logrado
encumbrar la gastronomía
astur.
A la hora de escoger una receta
de Martín, ese amor a la
mar y a sus sabores, heredavante,
aunque las posibilidades
son infinitas. “Reconozco
que es una receta que me recuerda
a mi casa. Mi familia
viene de restaurantes de marisco
y yo me he formado
ahí, así que todos nuestros
restaurantes tienen una influencia
cantábrica que el
salpicón representa a la perfección”,
confiesa.
do del San Félix y los sabores
del Cantábrico que lo rodeaban,
no ha dejado a Loya
más opción que decantarse
por el salpicón de
marisco.
“Es uno de los mejores
platos de siempre. Tomas
el producto en sí , simplemente
cocido, y lo mezclas con
una vinagreta de productos de
la tierra. Es refrescante y es uno
de los sabores de Asturias”, explica.
Su propuesta personal es
introducir en la receta el boga
salpicón de marisco «El sabor de Asturias»







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