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Viernes 18 de Mayo de 2012

La confianza apaleada

La confianza apaleada La confianza apaleada

22/02/2012 00:00 /

Hace 32 años, cuando yo tenía 16, vi cómo un grupo de grises molía a palos a dos compañeros de instituto, chico y chica. Intentaban saltar la valla de un parque para escabullirse de la carga contra una manifestación de bachilleres, en la que ni siquiera participaban, contra no recuerdo ya qué melindres de alguna reforma educativa. Lo que sí recuerdo es lo que me trepó esófago arriba al ver cómo cuatro o cinco paisanos armados intentaban despegar a aquellos dos críos de la valla a la que se aferraban a base de tundirles bien los lomos.

Es lo mismo que estoy sintiendo estos días. Incluso descontando todo margen de manipulación o ruido, toda posible intrusión de intereses y personas ajenos a la movilización inicial, toda discusión sobre lo que es orden público y cómo se defiende, sé lo que veo: una obscena exhibición de abuso de poder en forma de violencia desproporcionada, ejercida por parte de servidores públicos bajo órdenes y, al parecer, con el respaldo de instituciones de un Estado democrático y de derecho.

Y sé lo que siento: no sólo rabia y vergüenza; igual que entonces, es desconfianza. Una desconfianza animal que, como a muchos en mi generación, me costó desactivar y cuya reapertura abre también una grieta en los fustes de la convivencia. Confianza: esa divisa que mendigamos a no se sabe bien qué tiranos providentes y por la que nos dejamos inmolar, y que ahora unos irresponsables dilapidan por otra brecha en las calles de Valencia. Porque, personalmente, si no puedo confiar en aquel de quien espero que defienda la justicia con el arma que le he puesto en las manos, difícilmente podré respetarlo.

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