Los casquistas dicen ahora que si los partidos de la oposición no les aprueban el cheque para las inversiones estarán castigando a Asturias y no a su grupo político. Se olvidan añadir que el verdadero castigo fue la convocatoria electoral del 25 de marzo por la incapacidad de dialogar para evitar, precisamente, que la economía regional esté al límite porque nadie quiso ver que sin pacto presupuestario se ponían en riesgo cientos de inversiones. Echar ahora la culpa, cuando ya se han convocado las elecciones y disuelto el parlamento asturiano es escurrir el bulto con la excusa de que los demás no me entienden y más al emplear esta mezcla retórica en un argumento ante los electores a la espera de que asuman que no hubo otra salida para salvar la honra del proyecto.
El informe del letrado de la Junta, Alberto Arce, es contundente y deja muy poca o ninguna salida para la nostalgia. No hay opinión partidista en sus consideraciones, sino un tirón de orejas para el Gobierno que pretendía imputar a la cámara asturiana la responsabilidad de aumentar la deuda cuando no tiene capacidad para legislar al encontrarse en un periodo previo a la cita con las urnas. Lo que quiere el ejecutivo de Cascos es que los grupos que ostentan la mayoría hagan lo mismo que él debería haber planteado hace semanas para prever los efectos de la prórroga.
Es preocupante que a estas alturas todavía sigan mirando a los ciudadanos de una manera tan simple. Acusar a los demás de que su negativa basada en un informe jurídico armado y casi inapelable es darle un giro interesado a la realidad porque, una vez más, no le lleva a donde quiere llegar aunque piense que está en posesión de la verdad absoluta.
De momento, la Junta General ha pedido a Cascos que explique bien la petición de 480 millones de euros y, de paso -cosecha propia- aclare la razón de retrasar esta petición hasta casi las vísperas del inicio de la campaña. Sabían de antemano que la diputación permanente -órgano de gobierno entre los periodos constituyentes- no tiene posibilidad de autorizar esta ampliación. Por eso hay que estar muy firmes para no confundir a la opinión pública. Es cierto que hay muchos proyectos paralizados y otros pagos sin poder afrontarse, pero no es porque ahora los diputados quieran poner otra piedra en el camino, sino porque no se hicieron los deberes a tiempo y quisieron jugarse todo el éxito a una carta que sabían que estaba marcada. Mientras, Asturias sigue esperando a que alguien la gobierne.







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