En Cangas de Onís me contaron una vez esta curiosa paradoja: la mitad del famosísimo Puente Romano que orna casi todas las postales de la localidad e incluso aparece representado en el escudo del concejo, así como el aledaño bar que lleva su nombre, no pertenecen, en realidad, al concejo de Cangas de Onís, sino al de Parres. Al mismo tiempo, la gasolinera de Arriondas y el parque de aventura que se encuentra detrás, y la escuela de piragüismo que se localiza no mucho más allá, no forman parte, a pesar de ser dos de sus principales activos turísticos, del concejo parragués, sino del de Cangas. La explicación es cristalina y se llama río Sella: su curso marca la linde entre los dos concejos y a su ribera se afincan las dos capitales. Todo lo que de éstas se dispone en la margen contraria a la que les sirve de asiento pertenece al concejo rival.
La democracia tiene fronteras también, y paradojas, y sorpresas, y mentiras, y emblemas orgullosos que glorian como propios monumentos ajenos, y postales que ocultan al turista la sinuosidad de sus lindes, y piraguas incautas que surcan ríos medianeros parragueando unas veces, cangueando otras y nunca allegándose definitivamente a ninguna de las dos orillas, pues la ruta concluye en un tercer concejo. ¿Pertenecen las porras de los policías al concejo Democracia, o forman parte del municipio Dictadura y de la ciudad Sanguinarios Asesinos Y Despreciables Sicarios? Las postales dicen A. La calle asegura que B, y yo siempre me he fiado mucho de la calle.







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