Recientemente, el ministro de Economía en el actual Gobierno español, que presiden Mariano Rajoy, fue sorprendido, mediáticamente, en el momento que le contaba muy ufano a su homólogo finlandés, y comisario europeo, Ohli Rehn, la más reciente proeza neoliberal de la derecha castiza española. Le dijo: “Mañana aprobaremos la reforma del mercado laboral y va a ser extremadamente agresiva, con mucha flexibilidad en la negociación colectiva y reduciendo la indemnización por despido”. Una cámara de televisión captaba la escena para anticiparles a las víctimas de ese acuerdo “extremadamente agresivos” (los trabajadores españoles) lo que veinticuatro horas después les contarían -en sus primeras respectivas- los periódicos del país. Nada más, y nada menos, que serán sometidos a una dolorosa operación de recortes de sus históricos derechos sociales. El ministro español en aquel momento parecía estar interpretando una improvisada escena de “Gran Hermano”… En este vergonzoso reality autoritario, en el que, por lo visto, España acepta cambiar “el gobierno de los hombres por la administración de las cosas”, quienes pierden sus derechos, adquiridos no sin dolor, peleando contra la insolidaridad agresiva del nuevo “aristocratismo financiero”, son los asalariados. Este nuevo asalto a la razón obrera ha sido pregonado por el “neoliberalismo económico”, cuya más reciente hazaña ha sido el nuevo rapto de Europa por el toro de los mercados… Probablemente, esta reforma del mercado laboral español -considerada por el ministro español de Economía como muy “agresiva”…-, en otra época anterior no habría sido acordada con la impunidad con que actualmente se toman medidas políticas, que dañan gravemente los históricos derechos sociales logrados por los trabajadores en dura lucha contra el poder capitalista. Sin embargo, ahora es mucho más fácil de lograr. Sobre todo, desde que la clase obrera ha sido seducida por el “confort consumista” y amordazada por un “conformismo” social que ahoga la necesidad de pensar a quienes han caído en esta trampa neoliberal.
Durante una de las Semanas sociales de Francia -la 50, celebrada en Caen durante la semana del 9 al 14 de julio de 1963-, se dijo que “la democracia implica una cierta igualdad entre los ciudadanos (…). Supone, sobre todo, una participación de los ciudadanos en todos los planes, en la gestión de todos los asuntos privados o públicos, que le conciernen”. Debo advertirle que estas semanas sociales estaban organizadas por democratacristianos, inspirándose, entre otros textos eclesiales, en las encíclicas Rerum Novarum (León XIII) y Mater et Magistra (Juan XXIII). Lo advierto para que no se sospeche que estas semanas sociales eran un foro laico para difundir, desde él, las doctrinas sociales de Carlos Marx. Con lo cual, es posible que la cita perdiera su calidad de “magisterio político”… Sobre todo, en este tiempo en el que las sospechas (ideológicas) se activan inmediatamente después de que alguien ose opinar, en voz alta, a favor de los intereses sociales de quienes son -aunque ellos no se den cuenta…- parte de la clase obrera. En una sociedad, como la española en la actualidad, en la que predomina la ambigüedad ideológica, está muy mal visto ponerse a favor de los asalariados, porque les parece, a quienes discrepan de esa defensa, que quienes osan manifestarles su apoyo son, pura y simplemente marxistas emboscados entre la fronda neoliberal, que es la espesura política de moda… A pesar de todo -sobre todo, a pesar de que muchos piensen, y crean, que esta sociedad es una sociedad justa y respetuosa con los derechos de los más débiles -, lo único cierto es que cada vez se nota más esa división social en clases; desde los aristócratas del radicalismo neoliberal- como el señor Guindos, para ponerle a usted un ejemplo de neoliberal ultra, hasta los proletarios que sufren las consecuencias de una reforma del mercado laboral contemplada desde la perspectiva de una agresividad política, y social, desenfrenada, este país es un hervidero de clases… En este momento, y en este ambiguo enclave democrático del Occidente europeo, se está sacrificando la democracia económica y social para favorecer los intereses de unas minorías -o lobbies- que constituyen la democracia política del dios Mercado… Alguien nos está empujando, de nuevo, a la lucha de clases. ¿Simplemente por el deseo de ser extremadamente agresivos …? Por eso y por algo más, que, quizá, sabremos cuando el señor Guindos sea sorprendido otra vez, por una cámara de televisión, explicándoselo a un colega europeo.







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