Que un alumno repita un curso escolar, ¿es un fallo del sistema educativo, un método pedagógico que le va a ayudar a adquirir nuevos conocimiento y herramientas de estudio o simplemente un castigo?
La educación española ha estado en los últimos años en el centro del debate ideológico, sometida al vaivén de los cambios políticos y con planteamientos que en muchos casos poco tienen que ver con los intereses de los propios estudiantes, que son, en definitiva, los protagonistas de esta historia. Las críticas contra la laxitud de un sistema que presenta peores resultados que en Europa del norte chocan con el discurso de los que exigen más inversión para construir un modelo no excluyente que sepa absorber a todos los jóvenes y ofrecerles la educación que necesitan.
Los resultados en el Principado de los últimos 10 años parecen desmentir a las voces que hablan de la manga ancha del profesorado en los ciclos de la enseñanza obligatoria. El número de repetidores crece a todas las edades y en mayor proporción que la media nacional. Aumenta de forma espectacular en las edades intermedias, sobre todo a los 10 años y a los 12 años. Sin embargo, a los 15, la barrera que marca el final de la Secundaria, logra mantenerse en una tasa similar a la que presentaba hace una década, cuando la enseñanza todavía dependía del Ministerio de Educación.
No obstante, las tasas de numérititulación, que miden el número de jóvenes que consigue completar la enseñanza obligatoria, siguen estando entre las mejores de España y en estándares cercanos a los que exige la Unión Europea. Solo el 22% de los asturianos entre 18 y 24 años no ha completado la Secundaria y no sigue ningún tipo de formación. No son cifras para colgarse medallas, pero esperanzadoras para continuar trabajado.
¿A qué se debe este incremento en la cifra de repetidores? ¿Supone algún tipo de mejora? Pedagogos, especialistas en calidad, profesores y alumnos apuntan dos causas, que poco tienen que ver con el aprendizaje de los estudiantes, para explicar esta tendencia. Señalan a los sucesivos cambios normativos que persiguen endurecer los criterios para el aprobado y la presión social a la que se ven sometidos todos los profesionales que participan en la enseñanza, sometidos a denuncias de permisividad, de falta de recursos e incluso de desinterés. El resultado no es tampoco demasiado esperanzador. Sentar a un alumno por segundo año consecutivo en el mismo aula, escuchando los mismos contenidos de los mismos profesores, adaptándose a nuevos compañeros y sin ningún tipo de apoyo, refuerzo o motivación extra es un pasaporte al fracaso.
Voces autorizadas
"Es una reacción contra una mentira mil veces contada y que parece asumida. La gente dice la Secundaria ye un coladeru, sin saber de qué hablan, sin reconocer la evolución del sistema, la integración que ha supuesto en los últimos años. En España, a diferencia de su entorno europeo, el filtro es muy fino". Son palabras de Arturo Pérez Collera, inspector educativo, exjefe de servicio de Evaluación y Calidad del Principado y reconocido experto en la materia, que trata de analizar a qué se debe este incremento en el porcentaje de alumnos repetidores a edades tempranas.
Frente a quienes consideran que la amenaza de perder un curso es un revulsivo para los estudiantes, Pérez Collera afirma que "la repetición es una invitación a la expulsión del sistema" y lo que provoca es que muchos jóvenes "tiren la toalla". Sobre todo aquellos que pertenecen a minorías, los que tienen más dificultades y pocos apoyos en casa. En resumen, los que más necesitan de un sistema educativo público.
Su análisis, por tanto, está claro. Existe "una presión social" para endurecer el sistema y ese mismo apremio se ejerce directamente "sobre el profesorado y sobre las autoridades que regulan la norma". Pérez Collera está convencido de que los últimos cambios legislativos son la clave que explica el incremento de repetidores. La reforma de 2007 introdujo cambios significativos, de los que este experto se queda con la más llamativa: "Antes, si un estudiante llegaba al final de Secundaria y no había aprobado inglés en los dos últimos años, se computaba como un suspenso. Ahora, son dos". Solo con este cambio es fácil de explicar las estadísticas.
La presidenta de la Junta de Personal Docente no Universitario de Asturias, Beatriz Quirós, comparte con Pérez Collera esa sensación de que el profesorado está sometido a "una gran presión social", con críticas poco reflexivas sobre la falta de implicación de los maestros, sobre esa supuesta cultura del todo vale difícil de aceptar por los titulares de una profesión muy vocacional. No obstante, Quirós recuerda que siempre han existido los "cursos tapón", esos años que acumulan más repetidores y en los que confluyen muchos elementos a tener en cuenta, como el inicio de la adolescencia, la introducción a nuevos contenidos o un incremento en la exigencia. Ese cuello de botella que antes de la LOGSE estaba en octavo de EGB se ha trasladado a segundo de Secundaria. Para Daniel Rodríguez, de FETE-UGT, son cursos en los que los alumnos se atascan.
Son años conflictivos y más complicados, en los que es más necesario que nunca incrementar los apoyos, invertir recursos para dar la vuelta a esta tendencia.
Esta aportación de Beatriz Quirós y de Daniel Rodríguez tiene un claro reflejo numéri co en las estadísticas. De los 10 a los 14 años, la cifra de estudiantes que pierde curso pasa del 16,4% al 27,8%. Al final de etapa, se eleva a más del 35,7%. Lo que baja es la denominada tasa de idoneidad, que es la que mide el número de alumnos matriculado en el curso que le corresponde por edad.
Xandru Armesto, maestro y pedagogo, comparte esa idea de Beatriz Quirós de la carga que se trata de echar sobre la espalda del docente, tanto la presión social como entre diferentes etapas. La fuerza que ejerce la sociedad sobre el profesor y también la que nace de Secundaria y baja hacia la etapa de Primaria, básicamente reclamándoles que incluyan más contenidos. "No es con mala fe, pero los profesores son permeables y muchas veces terminan dejándose influir", admite Armesto.
No obstante, el exjefe de Ordenación y Calidad, Pérez Collera, reconduce el debate y recuerda que, pese a la tendencia negativa que supone la rebaja de la tasa de idoneidad, hay otros aspectos positivos, como las altas tasas de graduación en Secundaria y Bachillerato, que están dentro de las exigencias de la Unión Europea, o la reducción del abandono educativo temprano. Tampoco se han producido alteraciones muy significativas en Primaria. Su temor es que la presión que antes se ejercía en el Bachillerato sobre los estudiantes ahora se haya desplazado hacia cursos más bajos, con lo que se esté "bachillerizando la Secundaria". Haría falta un análisis muy detenido para saberlo.
¿Qué piensan los padres de todo este debate pedagógico? La división entre la red pública y la privada también queda patente en este punto. José Manuel Martínez, portavoz de Concapa en Asturias y vicepresidente nacional de la organización, mayoritaria en los centros concertados, cree que el incremento en el número de repetidores "es un síntoma más de que el sistema falla desde la base", que los jóvenes asturianos llegan al final de la etapa de Primaria "sin una base sólida" y que se estrellan en Secundaria "porque no son capaces de asimilar nuevos conocimientos".
Para Martínez es culpa de la herencia de la "promoción automática". No cree que haya que generalizar la política de la repetición, pero sí utilizarla como estrategia, para incentivar y para usarla cuando sea necesario.
En cambio, Javier González, presidente de la Federación Miguel Virgós, la más representativa de la escuela pública, cree que la repetición debe ser solo una medida excepcional, cuando no quede otra alternativa. González no cree que el sistema haya empeorado.
Más bien cree que hay una detección precoz de los problemas. Repetir como solución Hasta aquí, las causas. La realidad es que se repite más y la comunidad educativa plantea a qué puede deberse. Ahora hay que saber si esta herramienta es útil, si a los alumnos les sirve para algo. La opinión mayoritaria de los especialistas consultados por la voz es que repetir a secas, sin medidas complementarias, no es una alternativa pedagógica. Volviendo a las palabras de Arturo Pérez Collera, obliga ra un alumno a repetir es en el fondo "una invitación a que abandone el sistema". Que un niño o un adolescente pierda un curso es un indicador de que algo hay que mejorar, tal y como también reitera también José Manuel Martínez, de Concapa.
Xandru Armesto basa su opinión en su doble papel, el teórico de pedagogo y el práctico como maestro. "La pregunta que debe formularse un profesor o un equipo de evaluación antes de decidir que un chaval repita es: ¿Va a ayudarle en algo?", comenta Armesto, que insiste en que el protagonista siempre debe ser el niño. Cuando la respuesta sea negativa, no merece la pena obligarle a perder curso, quizá sea mejor dejarle seguir dentro del ciclo y ayudarle con refuerzos, una atención más especializada y algún programa especial.
No solo cuenta el expediente académico. Antes de dejar descolgado a un alumno, el equipo de evaluación debe analizar su caso desde un punto de vista integral, en el que también se tenga en cuenta su personalidad y sus habilidades sociales. Xandru Armesto señala que en niños muy tímidos, con problemas para entablar amistad, repetir puede ser especialmente traumático y tener un efecto muy negativo sobre su rendimiento. Si a pesar de todas las reticencias, lo mejor para el estudiantes es que pierda un año, entonces el centro debe volcarse con él. Al menos, eso es lo que señala el propio Armesto, docentes como Beatriz Quirós y Daniel Rodríguez y expertos como Pérez Collera. Los profesores deben elaborar un plan personalizado de formación para el repetidor, reforzar los puntos débiles detectados durante el curso anterior, motivarle y ayudarle a integrarse en el nuevo grupo sin que se sienta estigmatizado. Pérez Collera cree que los centros deben garantizar que los alumnos consigan las competencias básicas atribuidas al curso en el que se vuelven a matricular y que no se puede permitir que encalle, porque eso sí que sería un fracaso absoluto del sistema. Este experto reclama que se tenga especial cuidado con la brecha de género, ya que el fracaso entre los hombres es muy superior al de las mujeres, y este desfase merece una mirada propia.
Los pedagogos, los expertos en calidad educativa, los profesores y los padres coinciden en un único punto, pero esencial: la necesidad de exigir más fondos públicos, reforzar la inversión en educación. Esos supuestos refuerzos, los planes individualizados y el análisis detenido del expediente de cada alumno, con el seguimiento que requieren los repetidores, solo se puede conseguir con más recursos para pagar a más especialistas. Ni la crisis ni los diferentes enfoques pedagógicos deben interferir en esta premisa. José Manuel Martínez, de Concapa, no cree "en el igualitarismo por abajo" ni tampoco en la promoción automática, defiende esa cultura del esfuerzo, inculcar a los niños desde los primeros cursos la necesidad de conjugar capacidad con trabajo. Esa filosofía, en la que sí tiene encaje la repetición, requiere también de grandes inversiones para garantizar la calidad. Por eso Martínez espera cambios normativos acompañados de presupuesto. Para exigir, también hay que dar.
Beatriz Quirós, presidenta de la Junta de Personal, tiene la receta en la mano, con aperturas de centro por las tardes, refuerzos a los alumnos con dificultades, planes individualizados, apoyo a las familias con menos posibilidades... Todos estos planes, que ya funcionan en esos países con unos resultados que nos causan admiración, se traducen en dinero. "Si se recorta profesorado o no se atiende correctamente a la diversidad poco podremos avanzar", lamenta Quirós. Desde su experiencia, Pérez Collera añade otras medidas complementarias, como mejorar la acogida del alumnado inmigrante y trazar planes especiales para las minorías y para incrementar la protección de aquellos niños que proceden de estratos con escasa protección. "Esta es una auténtica respuesta educativa", argumenta. Son los hijos de la LOGSE y de la LOE, pero no son peores. Xandru Armesto se niega a resignarse. Es más, está convencido de que estas generaciones están mucho mejor formadas que las de aquella EGB de aulas masificadas, docentes de la vieja escuela, temarios obsoletos y una escolarización obligatoria que te dejaba tirado a los 14 años, aunque carecieses de cualquier titulación.
Rechaza ese discurso negativo que se ha construido en torno a los jóvenes y que les traslada un mensaje destructivo en sus hábitos, valores y conocimientos. Armesto reivindica a las generaciones de la LOE y la LOGSE, "porque la educación en España en los últimos 30 años ha pegado un cambio espectacular que hay que contarle a todo el mundo".
Una nueva reforma parece planear sobre la comunidad educativa de la mano del PP. habrá que ver si, de nuevo, el debate de los repetidores se pone sobre la mesa.







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